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Terra
La Coctelera

Categoría: Poemas Ilustrados

EL DULCE FUEGO DE SU MIRADA

Me miraba, su mirada esta clavada en mí. Me seguía a donde iba. Me perturbaba. Me excitaba. Pero estaba ahí. No daba ni un paso. Yo no iba a ir hacia ella. Simplemente esperaba. Y se me paso la noche esperando. No se acercó. Me siguió con la mirada, me comió con sus ojos. Pero no dió un paso para acercarse a mí.
Y me fui a casa con su mirada quemando mi cuerpo. Y me pase una semana soñando con sus ojos, con su cuerpo. Imaginando como sería tenerla en mis brazos. Como sería hacerle el amor. Se convirtió en fantasía.
Y volví a la disco, y allí estaba. En la barra, más linda que antes. Apenas me vió, su mirada se clavó de nuevo en mi. Y mi cuerpo comenzó a arder bajo el fuego de sus ojos. Pero no daba el paso. Yo, era demasiado tímida para acercarme.
Y paso otra noche. Me siguió con la mirada. Sentada en la barra, sola, sola por Dios. Se paso la noche siguiendo mis pasos. Y yo baile con todas mis amigas. Charle con otras chicas. Todo bajo el fuego de su mirada.
Y otra vez a casa, a soñar con su cuerpo, a desearla a morir.
Las semanas pasaban, y era común ir a bailar con mis amigas y que ella estuviera en la barra sentada mirándome. No aguantaba más. Quería dar el primer paso, quería acercarme a ella. Quería besarla. Quería hacerla mía. Pero mi maldita timidez de siempre me detenía. Y ella inmóvil, siempre ahí mirándome.
Lorena, me presento a su amiga Micaela, esa noche en la disco. Era una dulce chica, me gusto al verla. Su charla me envolvió. Y me olvide por unos momentos de su mirada. Pero el fuego de sus ojos de pronto me bajaron de la luna en que Micaela me había subido. Cuando la mire, sus ojos deseosos me miraban fijamente. Creo que estaba celosa. Pero seguía allí, inmóvil.
Seguí mi charla con Micaela, bailamos. Me gustaba.
Comenzamos a salir juntas. Lo nuestro iba lento. Y eso me agradaba. Había un romance. Micaela era muy dulce, bonita. Y me trataba como a una reina. Yo me sentía cómoda con ella.
Mientras estábamos juntas, sus ojos se borraban de mi mente. Pero cuando estaba sola. Sus ojos me quemaban y el deseo me volvía loca.
Cada vez que íbamos a bailar con Micaela, allí estaba ella. Siempre quemándome con su mirada.
Después de salir casi un mes. Decidimos con Micaela que era hora de hacerlo. Me sentía segura de estar con ella. La deseaba. No como deseaba a... Por Dios, ni siquiera sabía su nombre.
Micaela me llevo a su departamento. Apenas entramos, me comenzó a besar. Sus labios me quemaban la piel. Sentía arder mi cuerpo bajo el fuego de sus labios. Me desnudo, se notaba su experiencia. Yo solo había estado con dos mujeres antes. Pero el deseo a veces es mejor que la experiencia. Mis manos le quitaron la ropa y mi boca se apoderó de sus senos.
Su mano me recorría con caricias por todo el cuerpo. Sus dedos quemaban mi piel. Quería sentir su mano en mi entrepierna. Pero ella lo hacia todo tan lento. Era maravillosa. Su lengua jugaba con mis pezones, sentía sus dientes rozarlos. Y ardía.
Cuando su boca se apoderó de mi sexo, mi respiración se acelero. Sentía mi corazón galopar a mí. Su lengua saciaba mi ardiente deseo. Mi cuerpo al compás de sus movimientos se desataba.
Mi mano busco su sexo, mis dedos acariciaban su clítoris. Gemía mientras su boca me comía. Mis dedos se movieron dentro de su vulva mojada más rápido. Su cuerpo y el mío se acercaban al final del placer. Se detuvo y besándome subió hasta mi boca a besarme. Su sexo pegado al mío se frotaron y nuestros movimientos se hicieron más rápidos al ritmo de nuestra respiración. Fue hermoso acabar besándonos.
Su voz en mi oído era un susurro tan dulce.
-"Te quiero, amor. Quiero amarte siempre"-.
Nuestra relación siguió. Nos llevábamos muy bien. No solo en la cama.
Estar con ella me agradaba. Pero sentía que no la amaba. Yo no me olvidaba de su maldita mirada. Esos ojos fijos, fugitivos me seguían de día y de noche. Sentía en el fondo que aunque le era fiel a Micaela, la estaba engañando por desear a otra. Creo que mi conciencia me hizo terminar la relación. Micaela lo intento todo para que siguiéramos. Y aunque yo quería amarla. Mi fantasía era más fuerte que todo.
Y volví a la disco con mis amigas. Y allí, como cada fin de semana estaba ella. Con sus ojos quemándome. Y yo paseándome por todos lados bajo el fuego de su mirada.
Al verme sola otra vez, creo que se alegro. Pero siguió inmóvil. Yo no aguantaba más la situación. Tendría que dar el primer paso yo. No podía seguir así.
Así que decidida me encamine a la barra. Directo a ella. Sus ojos bajaron la mirada al piso. Frente a ella, sacando valor de no sé donde mi voz hablo.
-"¿Bailamos o seguimos con este jueguito de miradas?"-.
-"Hola"-. Me dijo y mi respiración se acelero al escuchar su voz.
La tome de la mano y la guíe hacia la pista. Bailamos. Hablamos. Resulto ser más tímida que yo.
Di el primer paso. Y allí estábamos bailando. La tenía en mis brazos. Sentía su frágil cuerpo temblar. Y el simple roce de mi piel con la suya me excitaba. La haría mía. Como fuera. La deseaba a morir. Y se notaba que ella también sentía lo mismo por mí.
Bailando la música nos acercaba más y más. Mi boca busco la suya y en un largo beso se encontraron. La suavidad de sus labios, su piel, su pelo, su cuerpo... la deseaba tanto.
Salimos de la disco, el sol casi comenzaba a asomarse iluminando la ciudad. El rocío de la mañana se notaba en los parabrisas del auto.
-"Sube, te llevo a tu casa"-.
Ella subió. Era tan tímida. No podía creer que mi maldita timidez se había muerto. Sentía que nada podía detenerme.
Mientras manejaba, mi mano se poso en su pierna. Sentí su timidez a flor de piel. Dejé mi mano en su pierna acariciándola lentamente. Detuvé el auto frente a su casa. Vivía con sus padres. Los cuales no sabían de su identidad sexual. No sería mía ese día. El ardor que sentía me mataría.
Su mirada dulce de fuego sobre mí estaba allí. Mi boca busco sus labios. Quería besarla y no dejarla ir. Nos acariciamos. El deseo nos quemaba.
-"Quiero hacerte mía"-. Mi voz susurraba en sus oídos.
-"Quiero ser tuya, tuya"-. Su deseo contesto.
La dejé, esperando vernos al otro día. Me pasé todo el día soñando con hacerla mía. Contando las horas para volver a verla.
Su dulzura y timidez me volvían loca. Sentada en ese café. Mis manos sudaban. La hora había llegado, pero ella no llegaba. Mi mente comenzó a martirizarme.
"Y si no viene, y si se arrepintió" No paraba de pensar para mis adentro.
De pronto, sentí el dulce fuego de sus ojos sobre mí. Levante la mirada y allí estaba. Caminando hacía mi. Firme. Pero tímidamente.
-"¡Hola Deborah!"-.
-"¡Hola Linda! Siéntate. ¿Que quieres tomar?"-.
Allí estábamos sentadas sumergidas en nuestro mundo, aisladas de todo lo que nos
rodeaba. Su dulzura al hablar me cautivaba. El amor comenzaba a nacer. Lo sabía. Era ella a quién yo amaría. Ella era mi destino. Lo sabía.
Pasamos horas sin darnos cuenta del tiempo. Como a la medianoche. La invite a ir mi departamento. Acepto tímidamente. Yo ardía en deseos. Pero ella no estaba segura. Lo noté.
Al entrar al departamento, me acerque a ella para besarla. Temblaba. Sentí su miedo.
Entre besos y caricias me confeso que sería su primera vez. Y yo que quería arrasar con su cuerpo. Me detuvé.
-"Ok, mi niña. Serás mía cuando estés segura" -. Y la abracé.
Pasaron algunos días hasta que por fin pude hacerla mía. La amaba. Y cada vez
que se lo decía. Ella me besaba locamente.
Bailábamos. Me volvía loca tenerla en mis brazos. Me besó. Y susurró...
-"Quiero ser tuya"-. Había llegado el día. Era el momento. Solo la bese. La
tomé de la mano y la saque de la disco. La lleve a mi departamento.
Allí estaba sentada en mi cama. Mirándome dulcemente. Me acerque a ella.
Me senté a su lado. La bese y comencé a acariciarla. Su timidez comenzaba a desaparecer bajo mis besos. El deseo nos atrapo. Lentamente nos desnudamos. Nos revolcamos en la cama. Besándonos, acariciándonos...
Mi boca en sus pechos la hacía gemir. Mis manos acariciándola la hacían temblar. Su mano tímida acariciaba mis senos. Mi deseo me quemaba. Mi lengua quería su sexo. Y baje desde su boca a su vulva besándola con besos cortos. Y cuando llegue a mi meta. Sentí su gemido pidiéndome más.
Mi lengua se enloqueció. Su respiración se aceleró. Su mano apretaba mi mano. Mi mano libre en su seno seguía acariciándola lentamente. Mis dedos jugaban con sus pezones.
La hacía mía. Gozaba con mi boca. Subí a su boca y en un largo beso que nos dejo sin respiración me entregue a ella.
Volví a bajar a su sexo, y haciendo el famoso 69 ella se apoderó del mío. Su lengua inexperta se movía en mi vulva haciéndome gemir.
La deseaba a morir, la amaba a morir. Y la mañana nos sorprendió por la ventana abrazadas la una a la otra. Su piel pegada a la mía.
He adorado, he amado su dulce mirada de fuego hasta el día de hoy. Y la seguiré amando. Y la mañana seguirá sorprendiéndonos abrazadas la una a la otra.

Crece amor

VOY

TE AMARA

Solo Con Ella

Si Me Dejaras

Huracan

Nocturna Poesia