Ella salto de la cama, despertándome... me quede mirándola. Media dormida. No entendía que le pasaba, Buscaba algo en su campera. Fue cuando saco un celular, y comenzó a hablar. Que me di cuenta que buscaba. No había escuchado que estaba sonando ese maldito teléfono.
-"Si amor, estoy bien. ¿Cuándo regresas?"- Se metió en el baño, como queriendo ocultar su conversación, o quizás, para que yo no me despertara, pues no se percato que ya me había desertado pues no me había movido y fingí estar dormida.
Al salir del baño, yo estaba sentada en la cama mirando hacia la ventana, había llovido toda la noche y parece que el sol decidió salir y mostrarse como si nada. Pues entraban de lleno sus rayos por la ventana.
Me miro, acercándose a su ropa que estaba en una silla. Y vistiéndose.
-"Era Pablo... esta en casa, acaba de llegar..." Se acerco a la cama para despedirse con un beso. "Tengo que irme, nos vemos luego".
No le conteste. Solo deje que me besara en la frente y me di media vuelta y me acosté para seguir durmiendo.
Me levante tarde. Me duche. Recorrí el departamento... dándome cuenta que Giselle lo había dejado impecable. Sentí vergüenza de haberlo desordenado tanto. Pero era mi vida. Y ese desorden no me molestaba.
Pase la tarde intentando escribir... Mi editor llama por teléfono y pidió el argumento. Le dije que lo mandara a buscar que no lo llevaría. Y dijo que en media hora el cadete de la oficina estaría ahí en mi casa...
Y puntual un joven de menos de 18 años, toca a mi puerta. Le di el libreto ensobrado... y volví a intentar darle forma a las ideas que la noche anterior había escrito. Pero nada tenían sentido.
Desde el escritorio mire hacia mi cuarto y el retrato en la cómoda me sonreía.
Había perdido el motivo para vivir... lo sabía. No tenía ganas de nada. Y aún cuando estaba tratando de hacer lo que mejor hacía, de salir de mi dolor, era una pena que no podría superar jamás. Lo sabia. No podía olvidarla. Perderla había sido mi fin.
Desanimada me quede en silencio sentada dejando que las horas pasaran, tratando de no pensar, de no razonar... solo quería cerrar los ojos y verla en mis sueños.
Casi anochecía cuando Giselle abrió la puerta... y entro como pancha por su casa. Recordé en ese instante que tenía llave. Que siempre que yo salía ella venía a regar las plantas de Maya. Esas plantas que tanto adoraba. Y que yo en todos estos días había olvidado por completo.
Corrí al balcón, y allí estaban sus plantas. Florecidas y bellas... Me senté en el suelo junto a ellas. Y acaricie sus hojas recordando como Maya les hablaba mientras las regaba. Era inevitable no ponerme triste. Giselle silenciosamente se acerco y sin decirme nada.... me abrazo.
Solo se quedo unas horas y luego se marcho a su casa. Para regresar al otro día, y seguir dándome sermones y mostrando que la realidad no era lo que yo quería.
Los meses pasaron y Giselle no se despegaba de mi. Siempre pendiente de mis necesidades. Siempre sermoneándome cuando me aislaba y me dejaba llevar por la tristeza. Conteniéndome cuando la angustia me ahogaba,
Ya se me había hecho costumbre verla llegar a casa, y organizar algo para salir o simplemente acompañarme mientras escribía.
Era sábado y ella había cocinado su especialidad... Pollo al horno con salsa de champiñones... Se suponía que su novio no regresaría hasta el lunes. Madrid o Málaga, no recuerdo donde dijo que estaba. El no estaba nunca. Piloto de avión comercial... vivía en las nubes y en ciudades distintas todos los días.
Reíamos cuando su celular sonó... y su sonrisa se borro al atender. "Como que ya estas aquí, no era que volvías el lunes..." Se levanto de la mesa y se fue hablando por teléfono hacia el living... y yo por dentro maldecía al idiota de su novio que había arruinado nuestra cena.
Nerviosa se despidió... dejándome a solas sentada en la cocina. Cuando escuche cerrarse la puerta detrás de ella. Tire mi plato desde donde estaba sentada en la pileta. Enojada me levante y vacié lo que quedaba de comida de la bandeja en el tacho de basura y comencé a lavar los platos.
Al terminar, tome del barcito una botella de vodka y me tire en la cama a beber hasta que me dormí borracha.
Al día siguiente me desperté con jaqueca, y comencé a darme cuenta que me molestaba que Giselle estuviera de novia con ese estúpido fanfarrón que nunca demostraba quererla, que solo le gustaba lucirla frente a sus amigos. Que nunca estaba y que cuando regresaba quería que ella estuviera esperándolo como la mismísima Penélope esperando a Ulises.
"Maldición" Me grite no puedo estar sintiendo esto. Enojada con mis pensamientos. Me cambie y sal a caminar por la playa... que quedaba a dos cuadras de donde yo vivía.
Vague horas por la arena caliente por el sol... esquivando la marea para no mojarme. Y regrese igual de enojada de como me había ido del departamento.
Su rostro desde el porta retrato en mi cómoda me hablaba diciendo solo "No puedes".

El timbre sonó y al abrir la puerta me encontré con Giselle. Sería, parada frente a mi. Me sorprendieron sus ojos enrojecidos. Se notaba que había llorado. Entro sin decir una palabra, y se sentó en el sillón
-"¿Que te sucede Giselle?" le pregunte acercándome a ella, sentándome a su lado.
Me miro, y dijo que había terminado su relación con Pablo. Por dentro, me sentí aliviada. Pero no podía sonreírme pues ella estaba llorando.
Trate de abrazarla, pero se paro y nerviosa comenzó a tratar de decirme porque habían terminado... Pues le pregunte si él la había dejado.
-"No fue él... fui yo quien decidió que esto no daba para más. Yo no lo amaba"- Al escuchar esto, no pude dejar de hablarle.
-"¿Y si no lo amabas porque estabas con él? ¿Por qué esperaste hasta hoy?"
-"No lo sé. Me acostumbre a la relación. El estaba poco en casa. Y yo era libre."
No podía entenderla. Si no lo amaba por qué lloraba. Y se le pregunte, a lo cual me respondió con más lágrimas, y más nerviosismo.
-"Tal vez me quede con él... porque no podía estar con quien amaba de verdad...". Se sentó en el sillón. Y llorando, trato de esquivar mi mirada.
-"Giselle, ¿qué estás diciendo?"- Sentía miedo de preguntar a quien amaba.
Respiro hondo, me miro y con los ojos llenos de lágrimas hablo:
-"No podía traicionar a mi amiga, ella era como mi hermana. Debí callar mis sentimientos. Al principio no me daba cuenta de lo que sentía. Pero con el paso del tiempo entendí que estaba enamorada. Tuve miedo. No quise herir los sentimientos de nadie. Y cuando Pablo apareció, él me gusto, por unos meses, creí que había olvidado ese sentimiento que no quería sentir. Pero solo lo quería, me gustaba. Seguí a sus lado, por costumbre o que sé yo... para no correr detrás de la persona que amaba, para no hablar y herir a quien era como mi hermana" Y callo. Tapando su rostro con sus manos. Me acerque a ella. Quise abrazarla. Pero no me anime. Solo apoye mi mano en su hombro para que supiera que yo estaba allí, que podía llorar en mi hombro.
Ella se abrazo a mí. Y sollozando me dijo lo que jamás pensé escuchar de ella.
-"Te amo". El corazón pareció detenerse. Esta alucinando. Escuchando lo que tal vez, yo deseaba escuchar. Y no podía ser. Los ojos de Maya aparecieron en mi mente. Su voz diciéndome "No puedes" fue un puñal en mi pecho. Me separé de ella. Como si hubiera dicho lo peor del mundo. Se quedo inmóvil mirándome. Volví a abrazarla. Sin decir una palabra.
Pero desde ese día comencé a distanciarme de ella. Sintiéndome culpable de lo que no podía dejar de sentir. Y de lo que más me confundía. Pues mi corazón seguía soñando, seguía aislándome de la realidad, seguía angustiándome con la ausencia de quien no regresaría jamás.
Yo entendía la realidad, pero no quería comprenderla, no quería aceptarla. No quería vivir sin ella. Pero sobrevivía sintiendo que la vida no valía nada. Que no había un motivo o razón para seguir respirando.
Los meses continuaron pasando. Giselle siguió cerca, pero nunca más menciono sus sentimiento. Creo que creyó que yo la quería pero no podía amarla. Y se conformaba con mi amistad.
En mí muchos cambios no había. Seguía La rutina de mi trabajo. Salía lo menos posible al mundo exterior. Prefería aislarme, soñar despierta o dormida con Maya. Seguía amando a quien no estaba a mi lado. No podía superar su perdida. Aún cuando Giselle se metía sin permiso en mi pensamiento. Y mi confusión era bastante grande. Mi amor por Maya seguía intacto.
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Aqui Ivana desde el centro de Argentina. Desde el mismisimo Imperio del Sur. Digo... Rio Cuarto. Cordoba. Quien Soy? Ah, ni idea... Solo alguien con ganas de escribir. Y de vivir.




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