Tenía como 15 años, las matemáticas me traían muy mal, los exámenes se acercaban y yo resignada iba al bochazo. Los chicos rondaban a mí alrededor, pero mi interés estaba en las chicas.
Mi profesora muy atenta (fuera del arquetipo de las profesoras de matemáticas viejas, solteronas, histéricas y de un carácter de mierda), se ofreció a dar clases de consulta fuera del horario escolar y en su casa a todo el curso ya que se acercaban los exámenes.
Creo que no lo pensé mucho, no quería pasarme el resto del año estudiando y después llevármela a marzo y terminar el verano con números y libros en vez de vacaciones. Cuando el timbre del recreo concluyo su clase me acerque y le pregunte cuando podía ir a su casa para que me explicara los simples problemas que ella nos daba y que a mi no me entraban en la cabeza, tal vez, por volar todo la hora en clase.
Ninguno de mis compañeros quiso ir a clase de consulta, todos se rieron cuando se los dije.
-"No seas oreja con la solterona.".- Me dijeron todos.
Pero creo que yo quería ir, creo que las matemáticas no me importaban, creo que quería verla en otro entorno que no fuera el colegio o el aula de clase.
Y al sábado siguiente ya estaba tocando el timbre de su casa. Cuando la puerta se abrió, mi profe con una remerita y un vaquero ajustado me saludó con una sonrisa de oreja a oreja. Por Dios, nunca la había visto vestida así. A pesar de sus 35 años, era una mujer hermosa, extremadamente bella.
-"Pasa querida".
Nos sentamos a la mesa de su comedor, una al lado de la otra, mis piernas rozaban sin querer las suyas, pero ella no se movía. Seguía explicándome. No me sacaba la mirada de encima. Sus ojos celestes brillaban más que nunca, su pelo rubio suelto, nunca la había visto así tan bella, la hacía más joven. Hablaba y yo asentía con mi cabeza como si entendiera todo lo que ella decía, pero yo no tenia ni la menor idea de lo que me estaba diciendo. Yo solo podía mirarla y pensar en lo bonita que se veía.
De pronto su mano en mi pierna me hizo bajar a la tierra.
- "¿Pasa algo querida?". - su voz fue tan dulce.
- "No "- No podía decirle que con su mano en mi pierna mis hormonas se habían alterado como nunca antes las había sentido.
- "Estas nerviosa, tiemblas como una hoja"-
- "Yooo..."- No podía articular palabra, creo que solo deseaba besarla. Sentía mi cuerpo caliente.
Tiernamente me acaricio la mejilla. Y se acerco más a mí. Yo no me moví. Me tomó el rostro con sus dos manos y me beso tan suavemente. Sus labios me quemaron la boca. Por Dios, su lengua entró en mi boca y se apodero de mí. Una extraña y rara sensación en la boca del estomago me estremeció. Al dejar de besarme me miro...
- "¿Ya no estas nerviosa?". Preguntó, con una sonrisa picara
- "Creo que ahora estoy más nerviosa que nunca"- Dije sonrojándome.
Sus manos seguían sobre mí. Lentamente las llevo a mis pechos, y con sus dedos dibujaba círculos hasta llegar a mis pezones. Los que comenzaron a endurecerse. Por supuesto, ella noto esto, se sonrió y me besó.
Yo quería más, pero mi inexperiencia me tenía quieta gozando de sus besos y de sus manos.
Su mano debajo de mi remera, sacó desde el fondo de mi pecho un suspiro.
- "¿Te gusta?"- Pregunto, a lo que mirándola asentí con la cabeza. Con su otra mano tomo la mía y la llevo bajo su remera ajustada. Y sentí sus tetas de mujer madura, bien formada, redonda, su pezón erecto me enloqueció. Hice lo que ella me hacía.
- "Aprendes rápido"- Dijo, sonreí y la bese.
De pronto sin pensar en lo que sucedía ya estábamos en su cuarto y ella me besaba toda, me acariciaba y me quitaba tan lentamente la ropa que parecía que nunca terminaría de desnudarme. Me estaba enseñando algo que nunca creí poder aprender de ella. Y yo tenía que ser una buena alumna. Todo lo que ella me enseñaba yo debía hacérselo. Era el examen. Así que ahí estaba yo besándola, acariciándola y desvistiéndola.
Cuando su mano llega a mi entrepierna, sus dedos se apoderaron de mi sexo..., me humedecí inmediatamente. Tímidamente acerque mi mano a su sexo, suave, húmeda... Me miro diciendo: - "Así, así tócame así"-.
Entre besos, caricias me entregue a mi profesora de matemática.
Acostada boca arriba se subió encima de mí... comenzó besándome y sus besos fueron bajando por mi cuello, mis pechos, su lengua jugaba con mis pezones. Y seguía bajando besaba mi estomago y con su lengua jugaba con mi ombligo y yo ardía. Jamás había imaginado que podía ser tan sensacional sentir el cuerpo de otra mujer contra el mío.
Cuando su boca llegó a mi ingle... levantó la cabeza y me dijo: - "¿Quieres, verdad, que quieres?"-. Mirándola y jadeando, me faltaba el aire y deseaba sentir su boca en mi concha, quería su lengua jugando con mi vulva.
Su lengua entró en mi sexo y yo comencé a sentir un calor que me quemó toda. No quería que se detuviera... mi respiración se acelero. El aire se me hacia pesado... mi primer orgasmo comenzaba a sentirse y era maravilloso.
La experiencia no terminaba con mi primer orgasmo, su examen seguía y yo debía hacerla sentir tanto como ella lo había hecho conmigo. Torpemente, tímidamente, mi boca recorrió su cuerpo, mi boca jugo con sus partes privadas... y me enloquecí comiéndome su sexo. Sus jadeos y su voz diciéndome... "Dame más, más" me aprobaban.
Terminé el año yendo a sus clases de consulta en su casa, pasando solo media hora de estudio y de dos a tres horas haciendo el amor en su cama.
No me regaló ninguna nota en la escuela, tuve que estudiar matemáticas... y no me importo sacarme en todos los exámenes de matemáticas, 7 por que yo al final del año ya había obtenido mi 10 en su cama.

Aqui Ivana desde el centro de Argentina. Desde el mismisimo Imperio del Sur. Digo... Rio Cuarto. Cordoba. Quien Soy? Ah, ni idea... Solo alguien con ganas de escribir. Y de vivir.




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