Cuantas experiencias, cuantos amores, desamores y engaños pasaron en mi vida. Ya cansada de buscar el amor esquivo, decidí ser yo quien huía. Secando las lágrimas deje atrás aquella relación que me dejaba vacía, herida y sin esperanza ni ilusiones.
A olvidar me dedicaría, creía que nada la borraría. Que era el amor de mi vida....
Y cruce el portal de la casa de mis padres aquella noche de jueves, como siempre llegaba tarde a una cena familiar, era típico en mi, llegar siempre de sobremesa. Era una noche especial para mi hermanito menor, mujeriego y galán empedernido, pues era la primera vez, que presentaría a una de sus tantas novias, como "novia oficial". Había tenido tantas novias el maldito condenado. Pero esta tenia que tener algo especial para que el se animara a presentarla a la familia.
Entre a casa, y pase directamente al comedor donde venia el bullicio de risas. Apenas la vi, me quede muda. Era la mujer más hermosa que podía haber conocido yo en la tierra. Me la presentaron, era la novia de mi hermano, lo tenía todo.... con los meses conocí a la mujer perfecta y entendí como mi hermano menor, el parrandero, había decido sentar cabeza. Si había conocido a la mujer perfecta. No solo era bella, era inteligente, dulce, tierna, cariñosa, sincera, y podía seguir nombrando todas sus cualidades, y me quedaría siempre corta. Era simplemente la mujer de mis sueños, pero era la novia de mi hermano.
Poco a poco, sentí como aquel amor creí el amor de mi vida, se había desvanecido, era solo olvido. Y nacía en mi lo más fuerte que pudiera haber sentido.
Pero dolía darme cuenta que era amor no correspondido, me hice su amiga apenas nos conocimos, coincidimos en muchas cosas, gustos, forma de ser, manías. Pero era la novia de mi hermano.
Jamás había visto a mi hermano tan feliz, la adoraba, estaba ciego de amor por ella. Y ella, ella lo amaba de igual manera, con la misma intensidad. Eran la pareja perfecta. Yo estaba de más.
Me largue de la ciudad, queriendo olvidarla, o simplemente queriendo sobrevivir ese amor, que me hacia sentir tan bien, pero a la vez, me dolía tanto. Buscando nuevos rumbos, iba y venia de mi ciudad a otra, de una trabajo a otro. No era feliz, pero vivía.
Y se casarón, y eran felices. Y la vi de blanco entrar por aquella iglesia, y soñé despierta siendo yo la dueña de su corazón, pero era la novia de mi hermano, era ahora la esposa de mi hermano, mi cuñada.
No tardaron en agrandar la familia, y en hacer a mis padres los abuelos más orgullosos del mundo. Trayendo a esta vida, una hermosa niña de ojos verdes, eran sus ojos y el rostro de mi hermano. Era mi sobrina y era la niña mas hermosa que había nacido.
Y esa niña me compro, y deje de vagar de ciudad en ciudad, de trabajo en trabajo y senté cabeza en mi propia ciudad. Y sentí la felicidad de ver esa niña crecer.
Pasaban los años, y era la familia perfecta, y yo la tía metida, la que siempre estaba malcriando a la niña y dándole todos los gustos. Pasaban los años y en silencio yo amaba a mi cuñada.
No había podido borrar ese amor con nada del mundo, relaciones esporádicas, demasiado efímeras, y sin sentido... Vivía a escondidas mi condición sexual. Solo mi hermano lo sabia. Y ella también. Pues con el paso del tiempo se convirtió en mi mejor amiga. Y me conocía demasiado.
Tantos años pasaron, una vida, mi madre nos dejo, y al poco tiempo, mi padre no pudo estar sin ella, y se marcho a buscarla. Se fue a amarla. Mi sobrina crecía, de niña a adolescente, ya era casi una mujer. Y yo su confidente.
Y la vida seguía su camino, y mi corazón cada día más la quería, no había motivos suficientes para borrar así como así, un amor silencioso. Dolía, pero como que no dolía. Ellas estaba siempre cerca de mi. Era mi amiga.
Y los años pasaban, y ellos se amaban, y yo los amaba a ambos, y jamás les haría daño. Y en silencio alimentaba mi amor secreto. Ese amor que me daba fuerzas de vivir, que me levantaba cada día, que me daba sueños, que me daba esperanzas, que me hacia feliz, aunque nunca fuera correspondido.
Pero siempre todo los caminos se acaban, y el mío parecía llegar a su fin. De la noche a la mañana, el destino decidió que mis días estaban contados. Una enfermedad, comenzó a quitarme días, a acercarme a la muerte. Y no tenía miedo. Había vivido. Había amado. Había sido feliz. Había cumplido mi ciclo sobre esta tierra.
Cuando la enfermedad me quito fuerzas, y sin dignidad me postro en una cama, ella, ella fue mi enfermera. Ella mi amiga, mi cuñada, me cuido. Me alimento, me baño, dio aliento y esperanza.
Yo sabía que poco tiempo me quedaba, sabía que no podía irme de esta vida sin decirle que había pasado la mitad de mi vida amándola.
Dolía saber que no vería a esa niña mujer que vi crecer, llegar al altar, realizar sus sueños, encontrar su verdadero amor. Dolía ver los ojos de la mujer que había amado siempre mirarme, aguantando las ganas de llorar. Transmitiéndome la fortaleza de luchar por un día más sobre esta tierra. Pero era el momento de partir. Tenia que despedirme de mi hermano, de mi sobrina y de ella.
Y aquella mañana al despertar me di cuenta que ese mismo día debía partir, lo sentía. No existía ningún miedo, estaba tan tranquila, el dolor insoportable casi ni se sentía. Hasta tenían más color mis mejillas. Pase la tarde charlando y riendo con mi hermano, recordando nuestra infancia. Mientras mi sobrina se reía de las travesuras que de niños habíamos hecho juntos... yo memorizaba cada sonrisa de los dos, guardándolas en la maleta de mis recuerdos inolvidables.
Y detrás de la tarde, se acerco, y ella vino a darme la cena. Y sentí que alguien me llamaba. Y debía irme. Pero decirle cuanto la había amado, cuan feliz me había echo ella con su amistad y su cariño. Cuando feliz había sido cerca suyo.
Y ahí estaba sentada a mi lado en la cama, tome su mano. Aún seguía siendo tan hermosa cuando la conocí hacia ya más de 20 años. Tan dulce, tan tierna.... tan ella. Me miraba, sus ojos estaban casi llenos de lágrimas, los míos también, como adivinando la despedida. Se recostó a mi lado abrazándome. Quise decirle en este instante cuanto la amaba. Pero solo silencio salió de mi boca, algo me impidió hablar, el aire se me escapaba, me estaba yendo. Solo la miraba. Ella poso sus ojos en los míos, suavemente se acerco a mi cara, y rozo sus labios levemente con los míos, dándome el beso que siempre soñé. Y me iba, la veía alejarse.... me alejaba.... y su voz se iba apagando, y sentía que me iba sin decirle te amo. Pero la escuche.... "Lo sé, si mi corazón no hubiera amado a tu hermano, te hubiera amado a ti" fue lo último que escuche.... ya no la veo.
Ya estoy lejos. Y soy feliz. Feliz, ella supo que siempre la amé y nunca la olvide.

Aqui Ivana desde el centro de Argentina. Desde el mismisimo Imperio del Sur. Digo... Rio Cuarto. Cordoba. Quien Soy? Ah, ni idea... Solo alguien con ganas de escribir. Y de vivir.




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