Todavía recuerdo la llegada de 1998, lo recibí en casa de un loco amigo que le encantaba realizar fiestas en su casa.
Ese 31 de diciembre marcó mi condición de bisexual, si bien había fantaseado alguna vez, en mis 28 años, con hacerlo con una mujer, aquel día mis fantasías serías más que eso.
Los amigos de siempre, y los nuevos amigos de mis amigos estaban en casa de Fernando. Como era costumbre desde hacia unos cinco años, para año nuevo o ocasión especial la casa de Fer era el lugar de reunión.
Me paseé por la casa saludando a los amigos y conocidos. El champagne iba y venía. Y allí estaba ella, debía se la chica más sensual de la fiesta en su vestido negro con un gran escote al frente dejando ver parte de su busto bien formado. La mayor parte de los hombres la miraban con deseos de cogerla, de tenerla en sus brazos. Ella solo charlaba y paseaba por la casa como yo.
¿Quién era ella? No la conocía. Pero me sorprendí mirándola, siguiéndola por toda la casa.
De pronto mi mirada se topo con la suya, sus ojos claros se clavaron en mí. Sentí vergüenza y baje la mirada. Pero la suya me quemaba. Trate de no mirarla.
-"Linda fiesta, ¿No?"-. Me sorprendió su voz detrás de mí. Me di vuelta y estaba muy cerca. Podía sentir su respiración.
-"Ey, faltan 2 minutos para las doce, vamos al patio a ver los fuegos artificiales"-. Gritaba Fernando.
Todos el mundo comenzó a encaminarse hacía afuera. Ella no se movía. -"Vamos"-. Dijo. -"Te sigo"-. Le conteste.
Al dar las doces todo el mundo se saludaba y besaba.
-"¡Feliz año nuevo!"-. Dijo y me besó en la mejillas, tan cerca de mi boca que me sonroje. Y solo logré decir lo mismo. Me di vuelta y comencé a saludar a mis amigos.
A los diez minutos todos estaban mirando el firmamento, alucinados con los fuegos artificiales. Su mirada entre la gente me estaba quemando. La buscaba, pero no la encontraba.
La música a todo volumen se sintió y todo el mundo a bailar. Ella apareció. -"Ey, bailamos"-. Su propuesta me desubicó.
-"No, ahora no quiero bailar"-. Respondí y busque a alguien para charlar. Camine hacia Esteban. Ella se quedó parada mirándome.
Se acercaba el amanecer y la mayoría ya estaban borrachos. Tirados en los sillones, en el suelo dispersados por toda la casa y el patio. Otros ocuparon el baño, las habitaciones y hasta la cocina para tener sexo con alguien.
Y ella estaba sola, mirándome. Como esperando que yo me decidiera a algo.
Fernando, medio borracho se acerco a mí con una botella de champagne. -"Toma, diviértete nena"-. Y me entregó la botella.
- "Fer, Fernando quien es la rubia de la barra"-. Le pregunte. Ni siquiera sanía como se llamaba.
- "Te cuidado con ella"-. Dijo.
- "¿Por qué?"-.
- "Es rara, ¿entendés?-.
- "Ok, ¿Pero quién es?-.
Fernando se rió: - "Una amiga de Juan. Creo que se llama Isabel"-.
Me respondió y se alejo de mí.
Con la botella en una mano y una copa en la otra me dirigí al patio. Algo dentro de mí me decía que ella me seguiría. Y así fue.
Me senté en el pasto del patio a mirar las estrellas, cuando ella se acerco, se sentó a mi lado y me acerco su copa.
- "Comparte conmigo tu champagne"-.
Le serví y comenzamos a hablar. Cuando la botella se había vaciado sus manos ya estaban tocando mis senos. Las mías se deslizaban por sus piernas. En un abrir y cerrar de ojos estábamos acostadas en el césped, acariciándonos, besándonos. Ya estaba tan caliente y ella lo sabía y me tocaba más.
De repente se detuvo, se paró estiro su mano para ayudarme a levantarme. Me llevo al invernadero.
Dentro del lugar, la música era un murmullo a lo lejos. De pie frente a mí, me saco el vestido, comenzó a besar mis senos. Le quite su vestido y la bese por todo el cuerpo.
Me tiró al suelo, me arrancó la bombacha y deseperadamente su boca se apoderó de mi concha humeda y ardiente Sus dedos juagaban con mis pezones. Su lengua entraba y salía de mi vagina Y mi cuerpo se estremecía de punta a punta.
Cuando comencé a sentir que acabaría ella se detuvo, me miró se acerco a mi boca y me besó. Su lengua en mi garganta me quitaba el poco aire que me quedaba en los pulmones.
Bajo besándome y lamiéndome todo el cuerpo hasta mi concha de nuevo... yo deseaba que llegara rápidamente y a la vez, que lo hiciera lentamente. Cuando llego, sentí sus dedos penetrándome. Los metía y los sacaba rápidamente al ritmo de lo movimientos de mi cadera.
Cuando acabe, toda mojada besaba mi concha diciendo -"¿te gusto, verdad, qué te gusto?. -
Yo solo podía decir sin aliento -"Me encanto"-.
Se subió encima de mí. - "Ahora te toca hacerme gozar a mí, ardo por sentir tu boca comiendo mi concha"-.
Se sentó encima de mi cara y mi boca se apodero de su vagina. Su sabor agridulce me volvía loca. Mis manos acariciaban su cola,
-"Meteme los dedos en mi ano"-. me dijo rogando. Mientras mi lengua entraba y salía, y jugaba con su clítoris. Mis dedos entraban y salían de su agujero anal. Ella gemía, y me pedía que lo hiciera más rápido. Yo obedecía a sus deseos. Cuando acabo en mi boca, sentí su flujo mojar mi cara.
Se acostó a mi lado, y por un buen rato nos quedamos besándonos y acariciándonos suavemente.
La luz del día se asomaba por el techo del invernadero. Nos vestimos y fuimos a la casa.
Eran pocos los sobrevivientes al alcohol. La mayoría estaban desplomados en los sillones y en el suelo. Los que sobrevivían seguían bebiendo y riendo.
Me miró y con una mirada cómplice me invitó a irme del lugar con ella.
-"Vamos a mi casa, sigamos la fiesta allí"-.
Nadie se percato de nuestra huida, así fue que empecé año nuevo en su casa, en su cama. Haciéndolo todo el día.
Mi vida siguió, continué saliendo y acostándome con hombres, pero en las fiestas de Fernando, siempre terminé en sus brazos. A veces me animaba y seducía alguna chica que ingresaba al grupo de amigos de Fer. Ella no era celosa y hacia lo mismo. Pero nunca dejaba de hacerlo conmigo.