Todos los días bien temprano era yo la encargada de ir a buscar el pan. Cruzaba la calle corriendo y entraba. No llegaba al mostrado. Era una enana aún.
- Don Augusto, un kilo.
- Aquí tienes Lucia. - Pagaba y al darme vuelta para salir del local. Allí estaba siempre ella. En la góndola de las facturas. Acomodando algo.
- Nos vemos en la escuela Betiana - Decía yo, mirando a esa niña de mi misma edad. Sonreía. Y Asentía con la cabecita.
Ahora que lo pienso, después de tantos años. Era un ritual ir cada mañana a comprar el pan... creo que solo quería verla a ella. A la hija del panadero. Con sus rubios cabellos, y sus ojitos tímidos. Siempre tan calladita. Siempre tan bonita.
Pase parte de mi niñez y mi adolescencia yendo cada mañana a la panadería para verla. Y cuando me di cuenta...
Ya no vivía más en el barrio. El panadero falleció. El nuevo panadero... no hacia el pan de Don Augusto... Y cada vez que entraba a esa panadería no era lo mismo... Faltaba ella... ya no estaba acomodando alguna góndola... Ya no era el mismo aroma del pan...
Cuantos años han pasado... porque hoy la recuerdo... Porque recuerdo esa niña callada con la que pocas veces jugué... Éramos amigas, pero ella siempre prefería estudiar y ayudar a su papá en la panadería. Yo, quería jugar todo el día.
Porque estoy pensando en ella... Que habrá sido de ella... Jamás supe a donde fue cuando vendió la panadería de su padre. Creo que tenia como 24 años cuando deje de verla en el barrio... Estaba estudiando para ser Doctora.
"Se habrá recibido... Estará en la gran ciudad como dicen las lenguas de mis vecinas chusmas..." Porque estoy pensando en ella hoy, después de tantos años. Tal vez, porque ya estoy en la gran ciudad, con un mediocre empleo. Feliz, pero sin amistades cerca. Con mi familia lejos.
"No... no es eso" Estoy pensando en ella porque entre a una panadería cualquiera... y el ahora del pan me recordó sus dorados cabellos, su olor a pan en las manos. Sus ojitos mirándome tímidamente siempre... y a eso debo sumarle que ayer, esa compañera de trabajo se me insinuó... Ella dijo cosas... e inmóvil mirándola sin decir una palabra la deje hablar. Es por eso...
Y mi compañera de trabajo había clavado una duda en mi... y estaba buscando en mis recuerdos la respuesta ¿Qué me estaba pasando?
No recuerdo como salí de la situación, como la rechace. Pero no me enoje con ella. Pero desde ayer estoy pensando en que una mujer se había fijado en mi, que una mujer me encontraba atractiva... y yo...
Jamás me lo había preguntado... jamás creo que me había dado cuenta de que una mujer pudiera gustarme... Y ahora mis recuerdos me dan la pauta que esa niña, de ojos color miel, tímidos con sus cabellos dorados y largos... me gustaba.
Y ahora estoy pensando ¿cómo sería en la actualidad, dónde estaría? La última vez que la vi, mis recuerdos me dan la imagen de una mujer muy bella... que aún mantenía la ternura de aquella niña que ahora me doy cuenta me gustaba.
Por qué siento que mi corazón pide a gritos "¡Búscala!". Por qué mi razón por primera vez, no sé opone a las ordenes de este, mi tonto corazón que comienzo a sentir acelerado por recordarla. Será que acaso debo buscarla... Será que acaso no he resuelto algo de esa etapa de mi niñez y adolescencia y ahora en mi edad adulta mil respuestas debo encontrar buscando y encontrándola...
Pero dónde buscarla. Esta ciudad es inmensa. Podría esta en cualquier lugar. Hasta podría estar en otra ciudad del país. O Quizás en el extranjero. Han pasado como 4 años desde que deje de verla.
No había pasado una semana de mi encrucijada, de mi viaje a los recuerdos de mi niñez cuando saliendo de aquel shopping una rubia, de ojos color miel, escultural, con andar delicado, y lento... se topo conmigo. Y mis ojos se impregnaron de su belleza... Si existen las coincidencias, si el destino esta escrito... no lo sé... pero allí estaba ella... era ella. Y no tenía dudas. Nunca he olvidado su mirada. Sus ojos... Era ella...
Pero no me reconoció... Solo se disculpo por tropezar conmigo... y siguió su camino... No sé cuando minutos o segundo paso... pero se me hizo una eternidad. Mil recuerdos de nuestra infancia pasaron en mi mente... Y ahí estaba mirándola irse... Mi voz quería decir algo... solo silencio había.
No podía dejarla ir así... tenía que hacer algo... y si no la veía jamás. Si el destino la había cruzado conmigo otra vez, tenía que querer decir algo...
Mis piernas me llevaron corriendo hacia ella. Mi mano toco delicadamente su hombro. Mi voz hablo:
- Perdón, ¿Betiana? - Ella detuvo su andar, me miro... y sonrió.
- Si - respondió como no recordándome. Su cara sorprendida lo reflejaba.
- Soy Lucia, vivía al frente de la panadería
- ¿Lucia? - me miro sonriendo - De verdad, ¿eres tu?... - mirándome de arriba a abajo.
- Si, Betiana, soy yo... no puedo creerlo cuanto tiempo hace que no nos veíamos.
- Eso es verdad, ¿qué ha sido de tu vida? ¿Te casaste? - Sonreía y su cara parecía iluminarse.
Allí estaban hablando las dos. Paradas en la puerta de aquel shopping. Mucha gente caminando y pasando a nuestro alrededor. Dijo de ir al café, señalando un pequeño local al frente del shopping.
Caminamos, no dejábamos de hablar de nosotras... no era la misma niña callada que yo recordaba... era una mujer extrovertida como yo. Para nada tímida. Aunque su mirada seguía siendo la misma de la niña que yo recordaba acomodando la góndola de las facturas y golosinas.
Ya en el café. Sentadas en una mesa al lado del ventanal. Con dos café de por medio... la charla continuaba. No se había casado. Estaba dedicado por completo a su profesión de doctora. Trabajaba en la clínica San Andrés... Por Dios, tan cerca de mí... A solo cinco cuadras de mi departamento.
Media hora después su beeper sonó... y me miro...
- Tengo una emergencia. Debo irme... No, nos perdamos ¿sí?. Ya sabes donde trabajo. Búscame ahí.
Pase toda la noche pensando en ella... Creo que había una destino que se estaba revelando para mí... y esas dudas se hacían más grandes... porque si admitía que la niña me había gustado, estaba dándome cuenta que la mujer de hoy me estaba gustando más.
Aquella compañera de trabajo... no sabía como disculparse. En menos de cuatro días ya me había pedido perdón cada vez que se cruzaba conmigo. Y yo solo decía:
-Ey, todo bien... ya lo he olvidado.
Pero los rumores comenzaron a correr en la oficina. Y mis compañeros comenzaron hablar de ella... Los chistes malos siempre terminaban usando su condición sexual... Ella nunca lo había ocultado. Si bien en la empresa todos la querían nunca faltaba aquel desubicado que se burlaba de ella.
- ¿Por qué lloras? - Pregunte tímidamente aquella tarde cuando al entrar al baño me la encontré.
- No es nada - Y salió apresurada como huyendo de mí.
La seguí, pero un compañero me detuvo y me cargo con unos formulario.
- Acomódalos... el jefe los quiere para última hora del día - Ordeno él prepotente.
Cuando estaba retirándome de la oficina la vi subir al ascensor... corrí para subir con ella. Las dos en el mismo ascensor. Se notaba que no podía mirarme a los ojos. Vergonzosa.
- ¿Por qué llorabas? - Le pregunte acercándome a ella. Mi mano levanto su cara para mirar sus ojitos solitarios y melancólicos.
Insistió con que nada, mas su voz temblorosa me indicaba que había algo. Cuando salimos del edificio. Caminando hacía la estación del metro. Le Hable:
- Vamos a tomar un café y hablamos.
- De veras quieres tomar un café conmigo.
- ¿Por qué no?, ya vamos, Allí hay una confitería. Una café y una buena porción de pastel de chocolate te va a levantar el animo... - Se rió.
- No me gusta el chocolate.
Conversando con ella pude saber que era imposible para ella soportar las cargadas y bromas malsanas de sus compañeros hombres de la oficina. Hablaban siempre a sus espaldas de ella.
- Creo que son unos machistas estúpidos... y en otras palabras unos despechados... porque eres muy bonita y no pueden tener una mujer como tu.
- Crees que soy bonita - me pregunto, y bajo su mirada al pocillo de café. Y jugo con la cucharita.
- Eres hermosa. - y no le estaba mintiendo. Era una mujer muy interesante. Morena de ojos de fuego. Con un físico espectacular. Con carisma. Su piel sedosa. Si, era realmente bella.
De aquella charla resulto una amistad... Y se hizo común tomarnos un café a la salida del trabajo. Nos charlábamos todo... y hablábamos de todo. En menos de un mes se convirtió en la amiga perfecta. Ya había olvidado que había insinuado querer tener algo conmigo. Supongo que ella no lo podía olvidarlo. Como yo no podía olvidar a la hija del panadero.
Ya no podía seguir alejándome de la situación... era necesario verla. Y allí fui... apenas entre a la clínica me la encontré retirándose de su guardia...
-¡Uy que milagro! - Dijo, acercándose a mí. Y besándome en la mejilla.
- ¿Un café? - Pregunte, era una invitación. Que ella acepto. Fuimos a la cafetería de la clínica.
Y hablamos y hablamos... Y otra vez, hubo una interrupción... su celular sonó.
-¡Hola amor! Si llego a casa temprano... ¿ya preparaste la cena? - Hablaba ella.
No estaba casada, pero estaba todo dicho. Vivía con alguien. Pero no había dicho nada. Después de tanta charla no había dicho que estaba en pareja con alguien. Ni había nombrado a ningún hombre. Mi corazón se estaba partiendo, que forma más cursi de decir... me desilusione.
Corto y me miro riendo... y su sonrisa parecía agigantarse por la alegría.
- Perdona, era mi hijo... tiene 10 años... y parece que hoy hizo la cena. - ahora sabia porque esa sonrisa se agigantaba, era de orgullo de madre.
-¿Tu hijo? - Pregunte sorprendida.
Y ¡oh! Sorpresa, hacia dos años que había adoptado a un nene de la calle. Justo cuando se recibió. Respire. No sé por qué. Y sonreí.
Me invito a su casa a conocerlo y de paso a probar la cena... Era viernes. No trabajaba al otro día. Podría trasnochar dije...
Un pequeño de no más de un metro de alto, abrió la puerta y abrazo a su madre riendo.
- Mami, mami... hice tallarines con tuco. Y reía Feliz.
-¿Tu solito cocinaste? - Pregunto ella.
Una joven como de 23 años salió a nuestro encuentro. Con un delantal. Linda joven. Atractiva.
- Hola Betiana, la cena ya esta lista. Se me hace tarde para ir a ver a mi novio... así que me retiro.
Era la niñera. Pero la mirada de Betiana hacia ella me desconcertó. Recordé la mirada de Stella, mi compañera de trabajo cuando me miraba.
Pase una cena agradable, con un niño juguetón, muy inteligente y educado que no paraba de hablar de todo lo que había hecho en el día... Y yo solo lo miraba y reía. Era un torbellino aquel niño...
Como a las once de la noche. Betiana ordeno que se fuera a dormir. Y el niño obedeció... sin reprochar.
Recuerdo que a su edad, me enviaban a dormir a las 10 y yo peleaba por unos minutos más mirando tele.
Comenzó a levantar la mesa. Cortes le ayude llevando los platos a la cocina. Allí... ella dejo todo sobre la mesada...
- Mañana lavo todo. No soy buena con las tareas del hogar. Jajaja... - Dijo riéndose y acercándose a la cafetera... - ¿Un cafecito? - me ofreció.
En el living con mi café en mano... seguimos charlando de los años pasados. De nuestra vida actual... Creo que sentí la confianza como para comentar el asunto aquel de mi compañera y ahora amiga Stella.
- Ah, bueno... Resultaste liberal - Me dijo sonriendo. Seguí hablando del tema. De que consideraba a Stella como una buena amiga. Y que creía que ella aún seguía interesada en mi. Por su forma de mirarme a veces.
- Perdón, creíste que por hacerte su amiga, ella dejaría de gustar de vos... jajaja - Me hablaba seriamente pero sonriéndose - Te invito a salir, te dijo que le gustabas... y vos la rechazaste. y después te hiciste su amiga
- ¿Que hay con eso? - le pregunte buscando una respuesta a mi situación.
- La estas ilusionando, eso es lo que hay, le estas dando alas para soñar que puede pasar algo con vos.
- Pero no hago eso - replique enojada
- Por que no te pones en su lugar... miras las cosas desde sus ojos y sus sentimientos. - me dijo mientras se acercaba a la ventana.
"Ponerme en su lugar" no tenía que hacerlo... algo parecido me estaba pasando con ella. Y estaba abriendo mis ojos. No pude aguantar el llanto. Me estaba dando cuenta de que Stella podría estar sufriendo por mi culpa. Me miro y se acerco, se sentó a mi lado en el sofá. Y me acaricio sin decir una palabra. Me miraba fijamente... y yo no podía dejar de llorar...
- Tienes razón debo estar haciéndole daño... y ella es tan buena conmigo. - Le dije sollozando.
- Si no puedes corresponderle díselo. Adviértele que solo puedes ser su amiga. - y su mano trato de secar mis lágrimas. No me moví. Pero ella se alejo.
Un deseo recorrió mi cuerpo, mis labios gritaban en silencio por los suyos... mi piel suplicaba por la suya... una sensación de deseo irresistible hacia ella estallo en mi... Me desconocí. No era yo.
Me acerque a ella, quien había vuelto a pararse al lado de la ventana. Mis manos tomaron por detrás su cintura. Ella no se movió. Delicadamente la di vuelta. Mi mano derecha lentamente subió a su mejilla... y la acaricie... ella me miraba sin decir una palabra. Un silencio en la habitación me movía... Mis ojos se clavaron en los suyos... mi cuerpo se acerco levemente al suyo... mis senos rozaron los suyos. Sentí la sensación del deseo en mi vientre. Mi boca se acerco tímidamente a sus labios. Ella seguía allí inmóvil como esperando ese beso... y la bese. Y respondió. Su lengua busco la mía. Y se entrelazaron en un juego bucal besándonos.
Sus manos se movían en mis espaldas acariciándome. Nos estábamos besando. Allí en su living. No pronunciamos palabras. Nuestro deseo era quien hablaba por las dos... y fue quien nos condujo a su cuarto... y en su cama nos hicimos el amor. Una y otra vez, cansadas y extasiadas nos encontró el amanecer. La luz entro por la ventana y me sentí segura en sus brazos. La abrace más fuerte aún. Y ella beso mi frente. Y Hablo...
- Mi hijo se despierta temprano. Debo preparar su desayuno. Que vas a querer vos para desayunar - Y se levanto despacio. Soltándose de mis brazos.
La realidad cayo sobre mí como un balde de agua... Y no comprendía como podía haber actuado así. Como me había atrevido... jamás había pensado en algo así... y me había gustado. Me había fascinado estar en sus brazos, sus besos, sus caricias, su forma de gozar... mi goce por sus caricias. Por su boca. Ella se estaba vistiendo. Salte de la cama. Y comencé a vestirme sin hablar. Me miro y se acerco...
- ¿Estas incomoda? ¿o quizás confundida?
- No estoy confundida... creo que si me incomoda la situación. Nunca había estado con una mujer y recuerdo cada instante vivido con vos y me desconozco. - No podía mirarla a los ojos.
-¿No te gusto? - Pregunto, y levanto mi rostro para mirar mis ojos... buscando una respuesta.
- Si, me gusto - Lo dije serena. Pero en realidad, Mi mente comenzaba a preguntarse si Stella besaría como ella, si Stella acariciaría como ella. Si su piel pegada la mía me haría vibrar como la de Betiana lo había hecho. Estaba pensando en ella. En sus ojitos mirándome siempre. En sus manos tratando siempre de acercarse disimuladamente a las mías. Estaba pensando en Stella. En que era más bonita que Betiana. En que me quería. Y sentí el deseo imperdonable de que Stella hubiese sido Betiana haciéndome el amor.
Ella me miraba. Y me decía que yo le gustaba. Que era lesbiana. Que nunca se había fijado en mi. Pero cuando me vio en el shopping me encontró bella y le había gustado.
No podía quedarme más tiempo allí. No era ella quien me gustaba. Era Stella. Ella solo había sigo una ilusión de mi niñez. La mujer que yo quería en mis brazos era Stella. Y debía ir a buscarla a ella.
No podía explicarle lo que estaba sintiendo. Pues era muy complicado entenderlo yo misma. Solo sabia que me había equivocado... que confundida había esquivado mi destino. Debía volver a mi verdadero camino. Stella.
Me dejo ir. Me llamo por teléfono varias veces. Pero me negué a verla. Stella seguía cerca de mí... pero ahora sabia que era ella a quien yo quería tener en mis brazos. A quien debía enfrentar y decir... "Me gustas" Así como había avanzado a Betiana. Así con ese valor desconocido en mi, que me había hecho desconocerme por completo. Así debía avanzar a Stella. Así como ella un día me hablo en la oficina. Era mi turno.
La invite a ir al cine. Y en plena sala... a oscuras mirando la película... mi mano se poso en su pierna... me acerque a su oído y le susurre...
- ¿Aun te gusto?- Desconcertada me miro. Intentando hablar... - Ey, me gustas - Seguía mirándome sorprendida. Pero una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro.
- ¿De verdad? - Pregunto. A lo que conteste apretando su mano con la mía...
- Si, perdona que haya tardado en darme cuenta.
Que suerte la nuestra, ultima fila de butacas. Película mala. Pocos espectadores en la sala... Ocasión de un beso. y unas caricias.
Terminamos en su departamento. Amándonos toda la noche. Quemándonos de caricias. Bañadas en nuestro sudor del deseo. Sus caricias en mi piel quemaban, sus besos me elevaban en el éxtasis... Estaba gozando más que con Betiana. Y la estaba deseando más y más a cada segundo, y a cada beso de sus labios.
Desperté y Allí estaba ella con mi desayuno y una rosa. La manera más hermosa de despertar y ver a la persona que amas mirándote. Sonriéndote. Se acerco y beso mis labios.
- Buenos días, amor - me dijo y supe que la amaba. Que la hija del panadero solo había sido mi amor primero. Que ella era mi amor verdadero.
- Don Augusto, un kilo.
- Aquí tienes Lucia. - Pagaba y al darme vuelta para salir del local. Allí estaba siempre ella. En la góndola de las facturas. Acomodando algo.
- Nos vemos en la escuela Betiana - Decía yo, mirando a esa niña de mi misma edad. Sonreía. Y Asentía con la cabecita.
Ahora que lo pienso, después de tantos años. Era un ritual ir cada mañana a comprar el pan... creo que solo quería verla a ella. A la hija del panadero. Con sus rubios cabellos, y sus ojitos tímidos. Siempre tan calladita. Siempre tan bonita.
Pase parte de mi niñez y mi adolescencia yendo cada mañana a la panadería para verla. Y cuando me di cuenta...
Ya no vivía más en el barrio. El panadero falleció. El nuevo panadero... no hacia el pan de Don Augusto... Y cada vez que entraba a esa panadería no era lo mismo... Faltaba ella... ya no estaba acomodando alguna góndola... Ya no era el mismo aroma del pan...
Cuantos años han pasado... porque hoy la recuerdo... Porque recuerdo esa niña callada con la que pocas veces jugué... Éramos amigas, pero ella siempre prefería estudiar y ayudar a su papá en la panadería. Yo, quería jugar todo el día.
Porque estoy pensando en ella... Que habrá sido de ella... Jamás supe a donde fue cuando vendió la panadería de su padre. Creo que tenia como 24 años cuando deje de verla en el barrio... Estaba estudiando para ser Doctora.
"Se habrá recibido... Estará en la gran ciudad como dicen las lenguas de mis vecinas chusmas..." Porque estoy pensando en ella hoy, después de tantos años. Tal vez, porque ya estoy en la gran ciudad, con un mediocre empleo. Feliz, pero sin amistades cerca. Con mi familia lejos.
"No... no es eso" Estoy pensando en ella porque entre a una panadería cualquiera... y el ahora del pan me recordó sus dorados cabellos, su olor a pan en las manos. Sus ojitos mirándome tímidamente siempre... y a eso debo sumarle que ayer, esa compañera de trabajo se me insinuó... Ella dijo cosas... e inmóvil mirándola sin decir una palabra la deje hablar. Es por eso...
Y mi compañera de trabajo había clavado una duda en mi... y estaba buscando en mis recuerdos la respuesta ¿Qué me estaba pasando?
No recuerdo como salí de la situación, como la rechace. Pero no me enoje con ella. Pero desde ayer estoy pensando en que una mujer se había fijado en mi, que una mujer me encontraba atractiva... y yo...
Jamás me lo había preguntado... jamás creo que me había dado cuenta de que una mujer pudiera gustarme... Y ahora mis recuerdos me dan la pauta que esa niña, de ojos color miel, tímidos con sus cabellos dorados y largos... me gustaba.
Y ahora estoy pensando ¿cómo sería en la actualidad, dónde estaría? La última vez que la vi, mis recuerdos me dan la imagen de una mujer muy bella... que aún mantenía la ternura de aquella niña que ahora me doy cuenta me gustaba.
Por qué siento que mi corazón pide a gritos "¡Búscala!". Por qué mi razón por primera vez, no sé opone a las ordenes de este, mi tonto corazón que comienzo a sentir acelerado por recordarla. Será que acaso debo buscarla... Será que acaso no he resuelto algo de esa etapa de mi niñez y adolescencia y ahora en mi edad adulta mil respuestas debo encontrar buscando y encontrándola...
Pero dónde buscarla. Esta ciudad es inmensa. Podría esta en cualquier lugar. Hasta podría estar en otra ciudad del país. O Quizás en el extranjero. Han pasado como 4 años desde que deje de verla.
No había pasado una semana de mi encrucijada, de mi viaje a los recuerdos de mi niñez cuando saliendo de aquel shopping una rubia, de ojos color miel, escultural, con andar delicado, y lento... se topo conmigo. Y mis ojos se impregnaron de su belleza... Si existen las coincidencias, si el destino esta escrito... no lo sé... pero allí estaba ella... era ella. Y no tenía dudas. Nunca he olvidado su mirada. Sus ojos... Era ella...
Pero no me reconoció... Solo se disculpo por tropezar conmigo... y siguió su camino... No sé cuando minutos o segundo paso... pero se me hizo una eternidad. Mil recuerdos de nuestra infancia pasaron en mi mente... Y ahí estaba mirándola irse... Mi voz quería decir algo... solo silencio había.
No podía dejarla ir así... tenía que hacer algo... y si no la veía jamás. Si el destino la había cruzado conmigo otra vez, tenía que querer decir algo...
Mis piernas me llevaron corriendo hacia ella. Mi mano toco delicadamente su hombro. Mi voz hablo:
- Perdón, ¿Betiana? - Ella detuvo su andar, me miro... y sonrió.
- Si - respondió como no recordándome. Su cara sorprendida lo reflejaba.
- Soy Lucia, vivía al frente de la panadería
- ¿Lucia? - me miro sonriendo - De verdad, ¿eres tu?... - mirándome de arriba a abajo.
- Si, Betiana, soy yo... no puedo creerlo cuanto tiempo hace que no nos veíamos.
- Eso es verdad, ¿qué ha sido de tu vida? ¿Te casaste? - Sonreía y su cara parecía iluminarse.
Allí estaban hablando las dos. Paradas en la puerta de aquel shopping. Mucha gente caminando y pasando a nuestro alrededor. Dijo de ir al café, señalando un pequeño local al frente del shopping.
Caminamos, no dejábamos de hablar de nosotras... no era la misma niña callada que yo recordaba... era una mujer extrovertida como yo. Para nada tímida. Aunque su mirada seguía siendo la misma de la niña que yo recordaba acomodando la góndola de las facturas y golosinas.
Ya en el café. Sentadas en una mesa al lado del ventanal. Con dos café de por medio... la charla continuaba. No se había casado. Estaba dedicado por completo a su profesión de doctora. Trabajaba en la clínica San Andrés... Por Dios, tan cerca de mí... A solo cinco cuadras de mi departamento.
Media hora después su beeper sonó... y me miro...
- Tengo una emergencia. Debo irme... No, nos perdamos ¿sí?. Ya sabes donde trabajo. Búscame ahí.
Pase toda la noche pensando en ella... Creo que había una destino que se estaba revelando para mí... y esas dudas se hacían más grandes... porque si admitía que la niña me había gustado, estaba dándome cuenta que la mujer de hoy me estaba gustando más.
Aquella compañera de trabajo... no sabía como disculparse. En menos de cuatro días ya me había pedido perdón cada vez que se cruzaba conmigo. Y yo solo decía:
-Ey, todo bien... ya lo he olvidado.
Pero los rumores comenzaron a correr en la oficina. Y mis compañeros comenzaron hablar de ella... Los chistes malos siempre terminaban usando su condición sexual... Ella nunca lo había ocultado. Si bien en la empresa todos la querían nunca faltaba aquel desubicado que se burlaba de ella.
- ¿Por qué lloras? - Pregunte tímidamente aquella tarde cuando al entrar al baño me la encontré.
- No es nada - Y salió apresurada como huyendo de mí.
La seguí, pero un compañero me detuvo y me cargo con unos formulario.
- Acomódalos... el jefe los quiere para última hora del día - Ordeno él prepotente.
Cuando estaba retirándome de la oficina la vi subir al ascensor... corrí para subir con ella. Las dos en el mismo ascensor. Se notaba que no podía mirarme a los ojos. Vergonzosa.
- ¿Por qué llorabas? - Le pregunte acercándome a ella. Mi mano levanto su cara para mirar sus ojitos solitarios y melancólicos.
Insistió con que nada, mas su voz temblorosa me indicaba que había algo. Cuando salimos del edificio. Caminando hacía la estación del metro. Le Hable:
- Vamos a tomar un café y hablamos.
- De veras quieres tomar un café conmigo.
- ¿Por qué no?, ya vamos, Allí hay una confitería. Una café y una buena porción de pastel de chocolate te va a levantar el animo... - Se rió.
- No me gusta el chocolate.
Conversando con ella pude saber que era imposible para ella soportar las cargadas y bromas malsanas de sus compañeros hombres de la oficina. Hablaban siempre a sus espaldas de ella.
- Creo que son unos machistas estúpidos... y en otras palabras unos despechados... porque eres muy bonita y no pueden tener una mujer como tu.
- Crees que soy bonita - me pregunto, y bajo su mirada al pocillo de café. Y jugo con la cucharita.
- Eres hermosa. - y no le estaba mintiendo. Era una mujer muy interesante. Morena de ojos de fuego. Con un físico espectacular. Con carisma. Su piel sedosa. Si, era realmente bella.
De aquella charla resulto una amistad... Y se hizo común tomarnos un café a la salida del trabajo. Nos charlábamos todo... y hablábamos de todo. En menos de un mes se convirtió en la amiga perfecta. Ya había olvidado que había insinuado querer tener algo conmigo. Supongo que ella no lo podía olvidarlo. Como yo no podía olvidar a la hija del panadero.
Ya no podía seguir alejándome de la situación... era necesario verla. Y allí fui... apenas entre a la clínica me la encontré retirándose de su guardia...
-¡Uy que milagro! - Dijo, acercándose a mí. Y besándome en la mejilla.
- ¿Un café? - Pregunte, era una invitación. Que ella acepto. Fuimos a la cafetería de la clínica.
Y hablamos y hablamos... Y otra vez, hubo una interrupción... su celular sonó.
-¡Hola amor! Si llego a casa temprano... ¿ya preparaste la cena? - Hablaba ella.
No estaba casada, pero estaba todo dicho. Vivía con alguien. Pero no había dicho nada. Después de tanta charla no había dicho que estaba en pareja con alguien. Ni había nombrado a ningún hombre. Mi corazón se estaba partiendo, que forma más cursi de decir... me desilusione.
Corto y me miro riendo... y su sonrisa parecía agigantarse por la alegría.
- Perdona, era mi hijo... tiene 10 años... y parece que hoy hizo la cena. - ahora sabia porque esa sonrisa se agigantaba, era de orgullo de madre.
-¿Tu hijo? - Pregunte sorprendida.
Y ¡oh! Sorpresa, hacia dos años que había adoptado a un nene de la calle. Justo cuando se recibió. Respire. No sé por qué. Y sonreí.
Me invito a su casa a conocerlo y de paso a probar la cena... Era viernes. No trabajaba al otro día. Podría trasnochar dije...
Un pequeño de no más de un metro de alto, abrió la puerta y abrazo a su madre riendo.
- Mami, mami... hice tallarines con tuco. Y reía Feliz.
-¿Tu solito cocinaste? - Pregunto ella.
Una joven como de 23 años salió a nuestro encuentro. Con un delantal. Linda joven. Atractiva.
- Hola Betiana, la cena ya esta lista. Se me hace tarde para ir a ver a mi novio... así que me retiro.
Era la niñera. Pero la mirada de Betiana hacia ella me desconcertó. Recordé la mirada de Stella, mi compañera de trabajo cuando me miraba.
Pase una cena agradable, con un niño juguetón, muy inteligente y educado que no paraba de hablar de todo lo que había hecho en el día... Y yo solo lo miraba y reía. Era un torbellino aquel niño...
Como a las once de la noche. Betiana ordeno que se fuera a dormir. Y el niño obedeció... sin reprochar.
Recuerdo que a su edad, me enviaban a dormir a las 10 y yo peleaba por unos minutos más mirando tele.
Comenzó a levantar la mesa. Cortes le ayude llevando los platos a la cocina. Allí... ella dejo todo sobre la mesada...
- Mañana lavo todo. No soy buena con las tareas del hogar. Jajaja... - Dijo riéndose y acercándose a la cafetera... - ¿Un cafecito? - me ofreció.
En el living con mi café en mano... seguimos charlando de los años pasados. De nuestra vida actual... Creo que sentí la confianza como para comentar el asunto aquel de mi compañera y ahora amiga Stella.
- Ah, bueno... Resultaste liberal - Me dijo sonriendo. Seguí hablando del tema. De que consideraba a Stella como una buena amiga. Y que creía que ella aún seguía interesada en mi. Por su forma de mirarme a veces.
- Perdón, creíste que por hacerte su amiga, ella dejaría de gustar de vos... jajaja - Me hablaba seriamente pero sonriéndose - Te invito a salir, te dijo que le gustabas... y vos la rechazaste. y después te hiciste su amiga
- ¿Que hay con eso? - le pregunte buscando una respuesta a mi situación.
- La estas ilusionando, eso es lo que hay, le estas dando alas para soñar que puede pasar algo con vos.
- Pero no hago eso - replique enojada
- Por que no te pones en su lugar... miras las cosas desde sus ojos y sus sentimientos. - me dijo mientras se acercaba a la ventana.
"Ponerme en su lugar" no tenía que hacerlo... algo parecido me estaba pasando con ella. Y estaba abriendo mis ojos. No pude aguantar el llanto. Me estaba dando cuenta de que Stella podría estar sufriendo por mi culpa. Me miro y se acerco, se sentó a mi lado en el sofá. Y me acaricio sin decir una palabra. Me miraba fijamente... y yo no podía dejar de llorar...
- Tienes razón debo estar haciéndole daño... y ella es tan buena conmigo. - Le dije sollozando.
- Si no puedes corresponderle díselo. Adviértele que solo puedes ser su amiga. - y su mano trato de secar mis lágrimas. No me moví. Pero ella se alejo.
Un deseo recorrió mi cuerpo, mis labios gritaban en silencio por los suyos... mi piel suplicaba por la suya... una sensación de deseo irresistible hacia ella estallo en mi... Me desconocí. No era yo.
Me acerque a ella, quien había vuelto a pararse al lado de la ventana. Mis manos tomaron por detrás su cintura. Ella no se movió. Delicadamente la di vuelta. Mi mano derecha lentamente subió a su mejilla... y la acaricie... ella me miraba sin decir una palabra. Un silencio en la habitación me movía... Mis ojos se clavaron en los suyos... mi cuerpo se acerco levemente al suyo... mis senos rozaron los suyos. Sentí la sensación del deseo en mi vientre. Mi boca se acerco tímidamente a sus labios. Ella seguía allí inmóvil como esperando ese beso... y la bese. Y respondió. Su lengua busco la mía. Y se entrelazaron en un juego bucal besándonos.
Sus manos se movían en mis espaldas acariciándome. Nos estábamos besando. Allí en su living. No pronunciamos palabras. Nuestro deseo era quien hablaba por las dos... y fue quien nos condujo a su cuarto... y en su cama nos hicimos el amor. Una y otra vez, cansadas y extasiadas nos encontró el amanecer. La luz entro por la ventana y me sentí segura en sus brazos. La abrace más fuerte aún. Y ella beso mi frente. Y Hablo...
- Mi hijo se despierta temprano. Debo preparar su desayuno. Que vas a querer vos para desayunar - Y se levanto despacio. Soltándose de mis brazos.
La realidad cayo sobre mí como un balde de agua... Y no comprendía como podía haber actuado así. Como me había atrevido... jamás había pensado en algo así... y me había gustado. Me había fascinado estar en sus brazos, sus besos, sus caricias, su forma de gozar... mi goce por sus caricias. Por su boca. Ella se estaba vistiendo. Salte de la cama. Y comencé a vestirme sin hablar. Me miro y se acerco...
- ¿Estas incomoda? ¿o quizás confundida?
- No estoy confundida... creo que si me incomoda la situación. Nunca había estado con una mujer y recuerdo cada instante vivido con vos y me desconozco. - No podía mirarla a los ojos.
-¿No te gusto? - Pregunto, y levanto mi rostro para mirar mis ojos... buscando una respuesta.
- Si, me gusto - Lo dije serena. Pero en realidad, Mi mente comenzaba a preguntarse si Stella besaría como ella, si Stella acariciaría como ella. Si su piel pegada la mía me haría vibrar como la de Betiana lo había hecho. Estaba pensando en ella. En sus ojitos mirándome siempre. En sus manos tratando siempre de acercarse disimuladamente a las mías. Estaba pensando en Stella. En que era más bonita que Betiana. En que me quería. Y sentí el deseo imperdonable de que Stella hubiese sido Betiana haciéndome el amor.
Ella me miraba. Y me decía que yo le gustaba. Que era lesbiana. Que nunca se había fijado en mi. Pero cuando me vio en el shopping me encontró bella y le había gustado.
No podía quedarme más tiempo allí. No era ella quien me gustaba. Era Stella. Ella solo había sigo una ilusión de mi niñez. La mujer que yo quería en mis brazos era Stella. Y debía ir a buscarla a ella.
No podía explicarle lo que estaba sintiendo. Pues era muy complicado entenderlo yo misma. Solo sabia que me había equivocado... que confundida había esquivado mi destino. Debía volver a mi verdadero camino. Stella.
Me dejo ir. Me llamo por teléfono varias veces. Pero me negué a verla. Stella seguía cerca de mí... pero ahora sabia que era ella a quien yo quería tener en mis brazos. A quien debía enfrentar y decir... "Me gustas" Así como había avanzado a Betiana. Así con ese valor desconocido en mi, que me había hecho desconocerme por completo. Así debía avanzar a Stella. Así como ella un día me hablo en la oficina. Era mi turno.
La invite a ir al cine. Y en plena sala... a oscuras mirando la película... mi mano se poso en su pierna... me acerque a su oído y le susurre...
- ¿Aun te gusto?- Desconcertada me miro. Intentando hablar... - Ey, me gustas - Seguía mirándome sorprendida. Pero una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro.
- ¿De verdad? - Pregunto. A lo que conteste apretando su mano con la mía...
- Si, perdona que haya tardado en darme cuenta.
Que suerte la nuestra, ultima fila de butacas. Película mala. Pocos espectadores en la sala... Ocasión de un beso. y unas caricias.
Terminamos en su departamento. Amándonos toda la noche. Quemándonos de caricias. Bañadas en nuestro sudor del deseo. Sus caricias en mi piel quemaban, sus besos me elevaban en el éxtasis... Estaba gozando más que con Betiana. Y la estaba deseando más y más a cada segundo, y a cada beso de sus labios.
Desperté y Allí estaba ella con mi desayuno y una rosa. La manera más hermosa de despertar y ver a la persona que amas mirándote. Sonriéndote. Se acerco y beso mis labios.
- Buenos días, amor - me dijo y supe que la amaba. Que la hija del panadero solo había sido mi amor primero. Que ella era mi amor verdadero.

Aqui Ivana desde el centro de Argentina. Desde el mismisimo Imperio del Sur. Digo... Rio Cuarto. Cordoba. Quien Soy? Ah, ni idea... Solo alguien con ganas de escribir. Y de vivir.




Muy original tu cuento Jjaxxel. Me gusto mucho, volvere a pasar por tu blog y a leerte.